El conflicto entre Tini Stoessel y su padre tiene todos los ingredientes necesarios para convertirse en un gran espectáculo argentino: mucha plata, una estrella internacional, sociedades, contratos, abogados y, para completar el combo, una pelea familiar.
Pero sacale por un segundo el apellido Stoessel, los millones de dólares y el inevitable morbo de que las dos partes sean padre e hija, y lo que queda es una historia bastante menos excepcional.
Estas cosas pasan todos los días en las industrias creativas.
Músicos, actores, influencers, escritores, diseñadores. Gente extremadamente talentosa para hacer una cosa y que, precisamente por eso, decide que de “las cosas aburridas” se ocupe otro.
La buena noticia es que la enorme mayoría de estos conflictos son perfectamente evitables.
Para eso alcanza con aprender un par de cosas bastante básicas sobre la ciencia de los contratos.
Empecemos por el principio: ¿qué es un contrato?
Y no, el diccionario no lo define como “un acuerdo legal que no se puede romper, que no se puede romper”.
Una forma bastante más útil de pensar un contrato es como la regulación de intereses contrapuestos.
Esto es importante porque cambia completamente la manera de sentarte frente a uno.
Si vos sos parte de un contrato, del otro lado hay alguien que tiene sus propios intereses. Y, generalmente, esos intereses no son los tuyos.
Vos querés cobrar más por hacer menos. El otro quiere pagarte menos para que hagas más.
Vos querés poder irte. El otro quiere que te quedes.
Vos querés conservar tus derechos patrimoniales. El otro quiere adquirir la mayor cantidad posible.
Es la naturaleza de la otra parte, tiene intereses propios distintos a los tuyos.
Entender esto parece una obviedad, pero te diría que ya te resuelve el 50% del problema. Porque a partir de ahí empezás a reconocer algo fundamental: los conflictos de interés.
“Vos ocupate de ser artista”
Hay una frase que debería hacer sonar una pequeña alarma en la cabeza de cualquier persona que trabaje en una industria creativa:
“Vos ocupate de ser artista. De las cosas aburridas me ocupo yo”.
Bueno. Hay aproximadamente un 95% de chances de que te estén cagando, delegaste tus intereses a un tercero que por definicion, tiene los suyos propios.
Y es completamente irrelevante si ese tercero es tu manager, tu socio, tu mejor amigo desde jardín de infantes, tu primo, tu hermano, tu padre o tu madre.
De hecho, cuanto mayor sea la confianza personal, más fácil es cometer el error.
Tu abogado es tu abogado
Acá aparece una de esas soluciones maravillosamente sencillas que evitan problemas extraordinariamente complejos: Tené tus propios abogados.
No los abogados del manager. No el estudio que trabaja hace veinte años con tu socio. No “el escribano de confianza de papá”. No el abogado que recomendó la discográfica porque “es buenísimo y conoce todos nuestros contratos”.
Tu abogado es una persona cuya única función dentro de esa negociación sea proteger tus intereses.
Los negocios necesitan contraparte. De hecho a veces las cosas salen bien de una. Los managers necesitan ganar plata. Los productores necesitan recuperar inversiones. El mundo necesita incentivos.
Pero si la jugás de rockstar y ni siquiera leés lo que firmás porque te contamina el aura, lo mínimo que podés hacer para contrarrestarlo es cuidarte un poco.
Y si contratar abogados propios te parece caro, siempre existe una alternativa.
Probá con no hacerlo y dentro de unos años me contás qué te costó más.
Si estás transitando una situación en la cual necesitás ayuda, o simplemente querés contarnos tu caso, contactate con nosotros y vamos a ver cómo te podemos ayudar.
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