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Startups24 de septiembre de 2026 · 8 min de lectura

Buy-Sell Agreement con socios en distintos países: qué mirar

B&P Consulting

Buy-Sell Agreement entre socios de distintos países: jurisdicción aplicable, moneda de pago y ejecución forzosa del acuerdo.

Buy-Sell Agreement con socios en distintos países: qué mirar

Tenés un Buy-Sell Agreement bien redactado, con triggers claros y una fórmula de valuación que todos entendieron en su momento. Pero uno de tus socios vive en Miami, otro en Buenos Aires y la empresa está incorporada en Delaware. El día que alguno se tenga que ir, ¿en qué tribunal se discute si hay desacuerdo?

El problema no es el contrato, es dónde se ejecuta

Un Buy-Sell Agreement puede estar redactado de forma impecable y de todos modos volverse inútil si nadie pensó en cómo se hace cumplir cuando las partes están en países distintos. La mayoría de las plantillas y ejemplos que circulan asumen, implícitamente, que todos los socios están en la misma jurisdicción, o al menos en jurisdicciones con marcos legales parecidos y tribunales que se reconocen entre sí sin fricción. Esa asunción se rompe apenas tenés un socio en Argentina, otro en España y la entidad incorporada en Delaware o Wyoming.

Lo que en un escenario doméstico se resuelve yendo a un tribunal local y pidiendo que se cumpla el contrato, en un escenario internacional puede convertirse en un proceso de meses (o años) para lograr que una sentencia dictada en una jurisdicción tenga efecto en otra. Y mientras eso pasa, la startup sigue operando con un socio que nadie sabe si sigue siendo socio.

Este artículo asume que ya sabés qué es un Buy-Sell Agreement y para qué sirve. Si todavía no tenés claro el concepto de base, los eventos que debería cubrir y cómo se define el precio de las acciones, conviene arrancar por nuestra explicación general sobre qué es un Buy-Sell Agreement antes de seguir con esto. Acá vamos a enfocarnos en lo que pasa cuando ese acuerdo tiene que funcionar entre socios que no comparten país, moneda ni sistema judicial.

La cláusula de jurisdicción no es letra chica

Todo Buy-Sell Agreement entre socios de distintos países debería especificar, sin ambigüedad, qué ley rige el acuerdo y qué tribunal (o qué mecanismo de arbitraje) resuelve las disputas. Sin esto, el día que haya un conflicto real, la primera batalla legal no va a ser sobre el fondo del asunto sino sobre dónde se discute el fondo del asunto. Y esa batalla previa puede consumir tiempo y recursos que la startup no tiene.

En general, hay dos caminos posibles:

  • Elegir un tribunal estatal o federal de una jurisdicción específica (por ejemplo, los tribunales de Delaware si la entidad está incorporada ahí), lo cual tiene sentido cuando esa jurisdicción tiene jurisprudencia sólida en derecho societario.
  • Optar por arbitraje internacional, bajo reglas de instituciones como la ICC o la AAA, lo cual suele ser preferible cuando los socios están en países cuyos tribunales no se reconocen sentencias entre sí con facilidad.

La elección no es cosmética. Un laudo arbitral internacional suele ser más fácil de ejecutar en múltiples países (gracias a tratados como la Convención de Nueva York, que gran parte de los países occidentales ratificaron) que una sentencia judicial de un tribunal local, que puede necesitar un proceso de reconocimiento (exequátur) en el país donde vive el socio que no cumplió.

Qué pasa si el socio que se va no colabora

Acá es donde el Buy-Sell Agreement muestra si realmente sirve o si es solo un documento bonito. Supongamos que el acuerdo se activa (renuncia, incumplimiento, lo que sea) y el socio que debe vender sus acciones simplemente no firma los papeles de transferencia. Si todos estuvieran en el mismo país, alcanzaría con una orden judicial local. Pero si ese socio vive en otra jurisdicción, ejecutar esa orden contra él (o contra sus activos) puede requerir un proceso adicional en su país de residencia.

Por eso conviene incluir en el acuerdo mecanismos que no dependan de la cooperación voluntaria del socio saliente. Uno de los más usados es designar un agente con poder irrevocable (power of attorney) que pueda firmar la transferencia de acciones en nombre del socio si este no lo hace dentro de un plazo razonable después de activado el trigger. Otro mecanismo, más drástico, es estructurar el pago y la transferencia como algo que ocurre automáticamente en los libros corporativos de la entidad (el corporate book, que tiene que estar bien llevado para que esto funcione sin discusión), sin necesidad de la firma activa del socio.

Este tipo de previsión conecta directamente con los pactos parasociales que suelen enmarcar al Buy-Sell Agreement: cuanto más detallado esté el mecanismo de ejecución dentro del pacto, menos margen queda para que un socio en otro país se atrinchere.

La valuación también se complica cuando hay fronteras de por medio

Ya sabemos que definir el precio de las acciones es la parte más discutida de cualquier Buy-Sell Agreement. Cuando los socios están en países distintos, se suma una capa extra: ¿en qué moneda se hace la valuación? ¿Y en qué moneda se paga?

Si la empresa factura en dólares pero uno de los socios vive en un país con controles de cambio (como puede pasar en Argentina en determinados momentos), el pago en dólares puede ser perfectamente legítimo desde el contrato pero problemático desde la normativa cambiaria local del socio que recibe la plata. Esto no es un detalle menor: un Buy-Sell Agreement que no contempla la moneda de pago y el mecanismo de transferencia internacional puede terminar generando un pago "correcto" en el papel pero imposible de cobrar en la práctica.

Convine especificar en el acuerdo la moneda de referencia para la valuación (generalmente dólares, si la entidad está en EE.UU.), la moneda de pago, y qué pasa si existen restricciones regulatorias en el país de alguna de las partes que compliquen la transferencia. En algunos casos, esto se resuelve pagando a través de la entidad corporativa directamente a una cuenta en el exterior del socio saliente, evitando así que el pago pase por un sistema bancario local restrictivo.

Los tres escenarios donde esto se pone difícil de verdad

Hay ciertos triggers del Buy-Sell Agreement que se vuelven notablemente más complejos cuando hay socios en distintos países.

El primero es el fallecimiento de un socio. Si ese socio vivía en un país distinto al de la incorporación de la empresa, sus herederos pueden estar sujetos a un proceso sucesorio local que demore la transferencia de las acciones, incluso si el Buy-Sell Agreement establece un mecanismo claro. Acá conviene revisar cómo se coordina esto con la planificación sucesoria del socio, para que el proceso sucesorio local no bloquee lo que el acuerdo societario ya resolvió de antemano.

El segundo es el divorcio. Las leyes de bienes gananciales varían enormemente entre países, y lo que en una jurisdicción se considera propiedad exclusiva del socio puede ser, en otra, propiedad compartida con el excónyuge. Si el socio se divorcia bajo un régimen legal distinto al de la incorporación de la empresa, el Buy-Sell Agreement necesita prever expresamente que las acciones no pueden terminar en manos de un tercero (el excónyuge) sin pasar primero por el mecanismo de compra que el acuerdo establece.

El tercero es la bancarrota personal. Un socio que entra en un proceso de insolvencia en su país de residencia puede ver sus acciones incluidas en la masa de bienes a liquidar, y ese proceso lo maneja un tribunal de quiebras local, no la jurisdicción elegida en el Buy-Sell Agreement. Anticipar esto con cláusulas específicas (que activen automáticamente el derecho de compra de los demás socios ante un proceso de insolvencia) ayuda a que la startup no termine con un síndico extranjero como accionista de facto.

El acuerdo tiene que sobrevivir al peor escenario posible

Un Buy-Sell Agreement bien pensado para socios en distintos países no asume buena fe ni cooperación. Asume que, en el peor momento, alguna de las partes puede estar del otro lado del mundo, sin ganas de colaborar, y con un sistema legal local que no necesariamente respeta lo que se firmó en otro país. Por eso la redacción tiene que anticipar mecanismos de ejecución que no dependan de la voluntad de esa persona.

¿Cuánto de esto se puede prever en el papel y cuánto queda librado a la negociación del momento? Bastante más de lo que parece, siempre que el acuerdo se redacte pensando específicamente en el escenario multijurisdiccional, y no como una adaptación apurada de un template pensado para socios que viven a diez cuadras entre ellos.

Si tu startup tiene socios repartidos en distintos países y todavía no formalizaron cómo se resuelve una salida, conviene revisar esto antes de que se convierta en un problema real. Podemos ayudarte con estructuración corporativa internacional para que el Buy-Sell Agreement y el resto de los pactos societarios funcionen de forma coherente entre las distintas jurisdicciones donde operan tus socios.

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