Existe una situación que muchos ya están notando, y otros van a empezar a notar en poco tiempo: gente que aparentemente tiene todo resuelto se está yendo del país. Hablamos de ejecutivos senior de multinacionales, gerentes regionales, directores con equipos de cientos de personas. Viven bien, viajan en business, tienen acceso a eventos corporativos de primer nivel.
¿Por qué se van si acá tienen todo armado?
El sector que la pasa mal sin que nadie lo note
El problema está en algo que no se ve desde afuera: ganan centavos comparado con lo que deberían ganar. Sus salarios son irrisorios respecto del nivel de capacitación que tienen, y del de sus pares en el exterior (incluso a nivel regional).
Por mucho que puedan tener sus salarios pegados al dólar, o les den mil y un beneficios para que parezca que son importantes, la realidad es que en dólar puro y duro ganan muy por debajo de lo que corresponde. Esto, en la práctica, puede significar un salario que en pesos parece enorme y con el cual pueden vivir una vida de relativa comodidad de acuerdo al estándar al que están acostumbrados. Pero sigue siendo una broma comparado con lo que podrían estar ganando en el exterior.
No tienen capacidad de ahorro real, ni de crecimiento económico. Y lo peor: históricamente quienes ocuparon estos cargos sí lo tuvieron. El padre de tu amigo tenía el mismo puesto que vos tenés ahora y ellos tienen una casa en Punta del Este. Vos con tu salario actual ni soñás con algo así.
Estos ejecutivos locales que tienen reuniones en los últimos pisos del HQ en NYC, saben perfectamente que ganan mucho menos que el janitor que sus colegas americanos miraron mal cuando salían del edificio por unos drinks.
No es fácil llegar a donde están
No es fácil acceder a un puesto senior corporativo. Muchas veces estamos hablando de gente que estudió afuera, que tuvo que comer una tonelada de corporate bullshit durante toda su vida para llegar a donde está hoy. Mira por la ventana desde la oficina en Puerto Madero y qué piensa? ¿"Llegué, soy un capo"?
No. Piensa: no puedo creer que gano tres mil cuando Nicolás Toledo (nombre inventado, igual me estoy riendo en voz alta por el nivel de realismo) gana ocho mil en Uruguay y Melina Rozenthal se está llevando doce mil en México.
¿Sabés qué hace cuando se da cuenta de esto? Se va.
A veces intenta una relocalización corporativa (que son más competitivas que los juegos del hambre), y si no simplemente se va por su cuenta. Sus amigos y conocidos no lo pueden creer. Matías toda la vida fue el que más plata tenía, el que viajaba, el que conseguía entradas. El que sabía navegar, el que llamaba a los polistas por su nombre de pila.
Si se va Matías, ¿qué nos queda al resto?
Pero Matías se va igual. Una lástima porque Bautista en el jardín ya algunos amigos tenía. Consiguió para Panamá. Se lo consiguió Melina, porque a pesar de que compitieron toda la vida, se conocen hace más de quince años del MBA y un poco se quieren. Además, él va a ganar a mitad que ella (al menos al principio).
La brecha que nadie menciona en las reuniones
Este es un fenómeno que pasa desapercibido porque aparentemente estas personas están bien. Tienen obra social de primera, auto de la empresa, viáticos que les permiten vivir cómodos. Pero cuando comparás con lo que gana alguien en su mismo nivel en cualquier otro país de la región, la diferencia es brutal.
No estamos hablando de comparar con Silicon Valley o con Londres. Estamos hablando de comparar con México, con Panamá, con Uruguay. Y la brecha es tan grande que justifica desarmar toda una vida acá y empezar de nuevo en otro lado (aunque "empezar de nuevo" sea relativo cuando ya tenés tu red profesional armada y un track record corporativo sólido).
Muchos de estos ejecutivos están en sus cuarenta o cincuenta. No son millennials buscando aventura. Son tipos con familia, con hijos en el colegio, con una red social establecida. Y aún así se van. Porque la matemática no cierra.
Lo que piensan y no dicen
Cuando uno de estos ejecutivos se sienta en una reunión regional por Zoom y ve a sus pares de otros países, sabe exactamente cuánto gana cada uno. En muchos casos, los rangos salariales son conocidos internamente. Y la frustración es enorme.
Peor aún: cuando viene alguien del exterior a trabajar acá temporalmente, muchas veces mantiene su salario de origen. Entonces tenés a alguien haciendo exactamente el mismo trabajo que vos, sentado en la oficina de al lado, ganando tres o cuatro veces más. Porque tiene pasaporte europeo o porque vino transferido desde otra región.
Esto no es sostenible emocionalmente. No importa cuántos after office te paguen ni cuántos días de vacaciones extra te den. La sensación de estar siendo sistemáticamente subvaluado termina ganando.
El timing nunca es perfecto
La decisión de irse no es fácil. Nunca lo es. Siempre hay algo que esperar: que termine el año escolar, que se cierre un proyecto importante, que se defina una promoción. Pero en algún momento la decisión se toma igual.
Y cuando se toma, generalmente es rápido. Porque una vez que decidís que te vas, quedarte se vuelve insoportable. Cada reunión, cada presentación, cada evaluación de desempeño se siente como una pérdida de tiempo.
Estos ejecutivos no se van por los impuestos (aunque también estén ahí). Se van porque el diferencial de compensación es tan grande que justifica cualquier incomodidad temporal. Se van porque saben que si se quedan, en diez años van a seguir en el mismo lugar económicamente, mientras sus pares en el exterior van a estar en otro nivel patrimonial. Es el mismo razonamiento que lleva a muchos a evaluar si les conviene mudarse a Uruguay: no es una decisión emocional, es una decisión financiera con mucho peso detrás.
Y se van sabiendo que probablemente sus amigos y familia no lo van a entender del todo. Porque desde afuera parece que les va bárbaro. Es el mismo fenómeno que describe perfectamente el concepto de migración de HNWI y los patrones que se repiten: quienes más tienen, y más visible es su éxito local, suelen ser los primeros en irse cuando la aritmética deja de cerrar.
Para quienes necesitan ayuda con temas de Estructuración corporativa internacional o están evaluando opciones de relocalización, podemos asesorarte sobre las mejores alternativas según tu situación particular. Y si lo que te frena es no saber exactamente a partir de qué momento tiene sentido estructurarse, ese es un buen punto de partida para la conversación.
Si estás transitando una situación en la cual necesitás ayuda, o simplemente querés contarnos tu caso, contactate con nosotros y vamos a ver cómo te podemos ayudar.
Si estás transitando una situación en la cual necesitás ayuda o simplemente querés contarnos tu caso, no dudes en contactarte con nosotros.
Contactanos


