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Tax Planning28 de agosto de 2020 · 5 min de lectura

Dos errores monumentales al comparar Argentina con el primer mundo

B&P Consulting

Comparar alícuotas impositivas entre Argentina y Europa ignora diferencias estructurales que hacen imposible la equivalencia. Te contamos qué errores se

Dos errores monumentales al comparar Argentina con el primer mundo

Cada vez que se propone aumentar la presión tributaria en Argentina, aparecen los mismos argumentos. Italia cobra 43%, Francia 45%, Suecia más todavía. Si queremos parecernos a ellos, hay que cobrar lo que ellos cobran.

El problema es que esta comparación ignora dos errores de concepto tan grandes que hacen imposible cualquier paralelismo razonable.

Copiar políticas no te hace rico

Existe una diferencia brutal entre dos tipos de políticas que implementan los países desarrollados. Las que los hicieron ricos. Y las que pueden implementar ahora que son ricos.

Confundir estas dos categorías es tan absurdo que si lo hacés con cierta convicción académica, probablemente te den un título en sociología.

Pensalo a nivel personal. Un tipo que hizo fortuna con trabajo duro, austeridad y ahorro durante 30 años puede darse el lujo de jugar golf tres horas por día. Si alguien te dice que el secreto para hacerte rico es jugar golf tres horas diarias y te muestra ese caso como evidencia, te vas a reír en su cara.

Jugar golf no lo hizo rico. Puede hacerlo porque ya es rico, gracias a lo que hizo antes.

Pero con países sucede todo el tiempo. Analistas y economistas (algunos quizás conocidos tuyos) hacen esta comparación sin ningún pudor. Toman medidas que países ricos pueden sostener ahora y asumen que implementarlas en Argentina nos va a llevar por el mismo camino.

Lo que dicen sobre las alícuotas ya es falso de entrada. Argentina tiene 168 impuestos. Italia, Francia o Suecia tienen menos de 10, con deducciones y beneficios que hacen que la presión fiscal efectiva sea completamente distinta. Pero hay un error mucho más grave que ese.

El primer mundo no es tan rico como pensás

Muchísimos países que un argentino considera primer mundo tienen niveles de déficit y endeudamiento siderales. Viven en una fantasía de estado de bienestar que sostienen con emisión controlada y endeudamiento constante.

Esto es como vivir en un hotel cinco estrellas pagando con tarjeta. No es sostenible. Más temprano que tarde veremos caer estructuras que creemos sólidas. Eventualmente alguien tiene que pagar la cuenta.

Pero respecto de las alícuotas de income tax hay una razón concreta por la cual pueden mantenerlas tan altas. Es la misma razón por la cual Argentina jamás podría hacerlo: la marca país.

Los países son marcas

Francia puede cobrar 45% de income tax porque la gente acepta que ese es el costo de vivir en Francia. De la misma forma que Louis Vuitton puede cobrar valores significativos por una cartera porque sus clientes aceptan que ese es el costo de la marca Louis Vuitton.

Sucede con todas las grandes marcas y con todos los estados-marca de alta tributación. California, Nueva York, Suecia, Holanda, Italia, Francia. Son marcas poderosas que pueden cobrar lo que cobran porque sus clientes-residentes obtienen lo que esperan de ellas (sea tangible o intangible).

Argentina es una marca débil. Y jamás puede aspirar a cobrar lo mismo que Italia, así como un Fiat no puede aspirar a cobrar lo mismo que un Lamborghini.

Esto no quita que lo intenten todo el tiempo, justificándose en los errores que estuve mencionando. De hecho, Argentina es el país con mayor presión tributaria del mundo. Pero los resultados siempre van a ser totalmente distintos respecto de presiones tributarias de estados-marca fuertes.

¿Alguien compraría un Fiat al precio de una Ferrari? Nadie está dispuesto a pagar esos precios por Argentina.

A mayor desconexión del gobierno con la realidad, mayor será por un lado la economía informal y por el otro el éxodo de los factores de producción. Incluyendo, por supuesto, el factor humano.

Y ni siquiera estamos hablando de la falsa creencia de que aumentar impuestos genera mayor recaudación. En muchos casos, consolidar una suba impositiva termina bajando la recaudación total. Pero ese sigue sin ser el mayor de los errores de concepto.

El tema de fondo es que las comparaciones con el primer mundo ignoran variables estructurales que hacen imposible cualquier equivalencia. No se trata solo de números. Se trata de contextos completamente distintos que no pueden copiarse por decreto. Un ejemplo concreto: cuando analizamos cómo es el sistema impositivo en Suiza, queda claro que la estructura, la historia y la reputación del país son inseparables de sus tasas. No se puede trasplantar una sin la otra.

Esto también explica por qué tiene sentido que personas y empresas evalúen su residencia fiscal con criterios que van mucho más allá de comparar alícuotas en papel.

Si necesitás entender cómo estructurar tus ingresos internacionales de forma eficiente, podés consultar sobre Planificación fiscal multijurisdiccional.

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