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Estructuración1 de febrero de 2021 · 6 min de lectura

Emigrar: cuándo es el momento

B&P Consulting

Emigrar no empieza cuando cruzás la frontera. Empieza cuando el capital se va, y después van las personas. Cómo planificar una emigración que funcione.

Emigrar: cuándo es el momento

Emigrar: cuándo es el momento

Durante el fin de semana circularon dos tweets que recibieron bastante atención. Ambos tocaban el fenómeno migratorio que está viviendo Argentina, pero desde ángulos que revelan una incomprensión profunda del proceso.

Vamos al primero.

El prejuicio de que la emigración profesional es una rareza

Subyace una idea de que una emigración planificada profesional (digamos, al mundo desarrollado) es una rareza, y que la regla sigue siendo la inmigración marginal desde países como Paraguay o Bolivia.

Este tipo de prejuicio está muy relacionado con lo que solemos remarcar desde nosotros: la importancia de reajustar tus percepciones a la realidad contemporánea, en lugar de recurrir a lugares comunes que vencieron hace veinticinco años.

La inmigración masiva desde Bolivia y Paraguay (y por ende la falsa sensación de superioridad que esgrime sin saberlo el progresismo) es un fenómeno esencialmente de los años noventa, cuando Argentina era una potencia regional. Si bien hoy en día existen movimientos de flujo migratorio hacia economías más grandes desde economías más pequeñas, es importantísimo comprender que las aguas cambiaron.

En Misiones ya no saben qué hacer para que la gente no se vaya a Paraguay.

De hecho, es inmenso el flujo migratorio desde Argentina hacia Paraguay. Tanto de argentinos como de paraguayos que vuelven. Quienes tienen empresas constructoras dan cuenta de la enorme migración de albañiles que dejan Argentina para instalarse en Paraguay. El boom de la construcción en Paraguay está en gran parte fondeado por capitales argentinos, que encuentran en Paraguay un país que viene haciendo todo bien en materia económica desde hace años, y que deja en ridículo a Argentina una y otra vez.

Y aquí ya tenemos una pista de cómo es que fluyen las corrientes migratorias.

Lo primero que emigra es el capital

Lo primero que emigra es el capital. Lo segundo son los recursos humanos.

Dicho de otra forma: los países que pierden capitales, pierden luego recursos humanos. El capital está escapando de Argentina a toda velocidad, y las familias profesionales que emigran como pocas veces se ha visto son una parte de ese capital.

Al emigrar la clase productiva (que es la que da trabajo), termina dando trabajo en otras nuevas jurisdicciones. Esto fortalece a dichas economías y por lo tanto atrae nuevas olas de inmigrantes.

Creer que la migración de una clase profesional es un hecho aislado o un privilegio de clase es una incomprensión total del fenómeno. Los capitales van primero. Los recursos humanos van después.

Le pese al que le pese, es exactamente lo mismo que sucedió en Venezuela, tal como lo refleja el análisis de migración de millonarios.

Y es curioso que la persona que se refiere a Bolivia y Paraguay no se refiera a Venezuela. Porque la última gran migración en Argentina fue la venezolana, la que al progresismo no le gusta porque deja en evidencia el invicto de fracasos socialistas de los países que tanto admiran. Y por cierto, esos mismos inmigrantes ya están emigrando nuevamente.

El sistema de líneas rojas no funciona

A raíz de esto aparece el segundo tweet. Aquí se propone un sistema de líneas rojas o puntos de no retorno. ¿Cuál es el límite en el que decidimos que ya no hay alternativa que irse?

Bueno, te comento que el sistema de red lines propuesto lamentablemente no funciona.

El proceso migratorio lleva tiempo. A veces meses, a veces años. Con lo cual abrirse las puertas necesarias para emigrar (y emigrar no físicamente) debe suceder muchísimo antes de emigrar físicamente.

Emigrar físicamente es el último paso de una migración exitosa, no el primero.

Si considerás que existe la posibilidad de emigrar, entonces antes de emigrar tu persona debés emigrar tus fuentes de ingreso, tu capital, tus inversiones. Debés adquirir un tercer idioma. Debés adquirir los skills necesarios para llevar a cabo el plan. Debés adquirir asesoría profesional respecto de la estructuración económica y fiscal de todo el movimiento, y debés procurar obtener los permisos de residencia necesarios para establecerte en la jurisdicción que más te convenga.

Creer que por tener un pasaporte europeo podés esperar a que se crucen las red lines y luego irte es un tremendo error. De hecho, algo que muy poca gente considera es que viajar a Italia a obtener ese pasaporte puede convertirte en residente fiscal sin que lo sepas.

El error más grave del sistema de red lines

Por otro lado, el sistema de red lines tiene un error más grave.

Uno debe establecer cuáles son los puntos de no retorno, pero de ninguna manera debe esperar a que se crucen. ¿El momento de emigrar? No es luego de cruzados esos puntos. Es luego de reflexionar y concluir objetivamente que esas líneas pueden ser cruzadas.

Si sabés que sí, entonces no hay nada que esperar.

Podés pensar que todo esto suena drástico. Que estás evaluando opciones, pero que tampoco es para tanto. Que tal vez las cosas mejoren. Que esperás un poco más antes de tomar una decisión definitiva.

Perfecto. Pero mientras esperás, el capital ya se fue. Los que se estructuraron hace tres años hoy están operando desde afuera con total normalidad. Los que esperaron a ver qué pasaba hoy están averiguando cómo abrir una cuenta en el exterior mientras los bancos rechazan aplicaciones a dos manos.

La emigración exitosa no empieza cuando subís al avión. Empieza cuando tomás la decisión de que tu vida económica no puede depender exclusivamente de una jurisdicción que puede cambiar las reglas del juego cada seis meses. Vale la pena también considerar el costo real del desarraigo, una variable que suele romper presupuestos y que casi nadie incluye en sus cálculos.

Si estás considerando una estructuración corporativa internacional pero todavía no sabés si te vas o te quedás, la respuesta es simple: estructurarte te da opciones. No estructurarte te deja atado.

Si estás transitando una situación en la cual necesitás ayuda, o simplemente querés contarnos tu caso, contactate con nosotros y vamos a ver cómo te podemos ayudar.

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