Estás exportando servicios, los clientes no paran de llegar y necesitás más manos. Querés contratar freelancers o contractors en otros países porque tu estructura internacional te lo permite. Pero hay un problema: si no tomás ciertos recaudos ahora, podés perder todo cuando llegue el momento de levantar capital o salir.
La estructura te habilita a contratar, pero no te salva de meterte en problemas
Tener una LLC en Delaware o una BVI no es un pase mágico para contratar a quien se te cante. Sí te da acceso a otras legislaciones laborales (que en general son mucho más sensatas que las argentinas), pero eso no significa que podás hacer las cosas a los ponchazos.
Armarte una empresa unipersonal en el exterior solo para esquivar la legislación argentina no te va a resolver nada si después querés escalar. Y si tu startup tiene o aspira a tener inversores, vas a necesitar un cuerpo documental que aguante un due diligence. Sin eso, olvidate de cualquier ronda seria.
La gracia de internacionalizarte es poder acceder a talento en cualquier parte del mundo. Podés contratar un diseñador en Vietnam, un programador en India y un copywriter en Ucrania. Pero si no tenés los contratos que corresponden, estás construyendo sobre arena.
Ownership del trabajo: ¿de quién es realmente lo que te entregan?
En Estados Unidos existe la Work for Hire Doctrine, que dice que si pagás por un trabajo, sos dueño de la obra y de sus derechos. Pero esto no aplica en todos lados. Y tampoco es tan obvio como parece.
Tenés que dejar absolutamente claro en el contrato que el trabajo es tuyo. No solo el entregable final, también las versiones intermedias, los borradores, los archivos fuente, todo lo que se haya generado durante el proceso.
En Argentina, por ejemplo, muchos freelancers están convencidos de que pueden revender las opciones que descartaste. Les mandaste "haceme tres propuestas y elijo una", y después ven las otras dos en el portfolio del tipo vendiéndolas como trabajos disponibles. O peor, se las venden a otro cliente.
La ley argentina tiende a amparar al autor en ausencia de contratos claros. Y a veces incluso con contratos. Por eso es mejor contratar en jurisdicciones donde las reglas sean más predecibles. Si querés entender cómo impacta esto en la práctica, el artículo sobre AI y copyright da un contexto muy útil sobre propiedad intelectual y sus límites reales.
Garantías: el freelancer tiene que garantizar que el trabajo es suyo
El contractor debe ser garante de la autenticidad de su trabajo. Esto vale tanto para diseño como para código. No podés permitir que te vendan algo que levantaron de internet o que tiene licencias incompatibles con tu uso.
Esto incluye código open source. ¿Sabías que no todo el código open source es de uso libre? Hay licencias que te obligan a publicar tu código si usás el de ellos. Otras te permiten usar el código pero no comercializarlo. Y otras directamente te prohíben usarlo en ciertos contextos.
Acá viene la pregunta incómoda: ¿podés hacer algo si un freelancer en Vietnam te vendió código robado? Probablemente no. Por eso en muchos casos conviene contratar agencias serias en lugar de freelancers random. Las agencias tienen algo que perder. Los freelancers anónimos, no tanto.
Son las reglas del juego. Pros, contras, riesgos. Vos decidís dónde te parás.
NDA: tu contractor no puede andar contando lo que hace para vos
El freelancer debe proteger los secretos del cliente. No puede romper su deber de confidencialidad respecto de nada a lo que haya tenido acceso durante el trabajo.
A veces esto implica cosas tan simples como no dejar que publique el trabajo en su portfolio. ¿Por qué? Porque si tu cliente descubre que el trabajo no lo hiciste vos, puede decidir contratarlo directamente. Y vos perdés el cliente.
El cliente puede no entender todo el valor que agregaste (la coordinación, el brief, las correcciones, el contexto estratégico). Solo ve que puede ahorrarse plata. Y se va.
Por eso el NDA no es solo para proteger secretos industriales. Es también para proteger tu modelo de negocio. Vale la pena leer también qué diferencias concretas hay entre un Conflict of Interest y un NCA, porque son herramientas distintas que muchos contractors confunden.
Cuestiones tributarias que pueden salir mal
Contratar freelancers o proveedores en Estados Unidos puede generar riesgos tributarios. Si quien contratás puede ser considerado tu "agente dependiente", te estás exponiendo a un problema fiscal serio.
En muchos casos, el IRS puede determinar que tenés presencia fiscal en Estados Unidos aunque tu empresa esté registrada en otro lado. Esto depende de cómo esté estructurada la relación con el contractor, dónde trabaja, qué tipo de decisiones toma y qué nivel de autonomía tiene.
No es algo menor. Un error acá puede convertirse en una deuda tributaria que te destruya la empresa.
Los contratos no son templates
Hay gente que cree que puede bajar un template de internet, cambiarle el nombre y listo. Eso no sirve. Los contratos deben estar hechos a medida para las necesidades de tu empresa, tu industria y tu jurisdicción.
Si tu startup va a levantar capital, los inversores van a pedir ver todos los contratos con empleados, contractors, proveedores, clientes. Van a revisar que estén bien hechos, que no haya agujeros, que no haya riesgos escondidos. Si encontrás problemas en esa etapa, vas a tener que renegociar con gente que ya hizo el trabajo, lo cual es un dolor de cabeza gigante (y a veces imposible). El artículo sobre por qué tu empresa debe ser vendible explica exactamente por qué este tipo de documentación hace la diferencia en un proceso de exit o fundraising.
Mejor hacerlo bien desde el principio.
Si necesitás ayuda con Contratos y compliance internacional, podemos darte una mano para que tu documentación esté lista antes de que la necesites.
Si estás transitando una situación en la cual necesitás ayuda, o simplemente querés contarnos tu caso, contactate con nosotros y vamos a ver cómo te podemos ayudar.
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