CRS 2.0 ya está acá. Y con él, una ola de soluciones mágicas que no resuelven nada.
El CRS original estaba pensado para un mundo bancario tradicional: cuentas, depósitos, custodia de valores, estructuras relativamente simples. El problema es que el mercado se movió mucho más rápido que la regulación. Nuevos instrumentos, capas intermedias, plataformas digitales y estructuras livianas empezaron a circular por zonas grises que el CRS 1.0 no tocaba con claridad.
CRS 2.0 amplía el alcance y elimina tolerancias
Lo que hoy llamamos CRS 2.0 apunta justamente a eso: ampliar el alcance material del estándar, reforzar el due diligence y eliminar la tolerancia implícita hacia estructuras que, sin ser ilegales, estaban diseñadas para diluir la identificación de personas físicas.
Hay más foco en coherencia, en razonabilidad económica, y en exposición indirecta a activos que antes quedaban fuera del radar. El mensaje es claro: si detrás hay una persona física, queremos identificarla. Y si hay una estructura que parece existir solo para evitar esa identificación, vamos a mirar a través de ella.
Cuando lo comparás con FATCA, las diferencias siguen siendo estructurales. CRS es un estándar multilateral de intercambio automático entre jurisdicciones, basado en la residencia fiscal. FATCA, en cambio, es una ley estadounidense, unilateral, que se exporta al resto del mundo a través de acuerdos y que gira en torno a la noción de "US person".
Esa diferencia de origen genera dos culturas regulatorias muy distintas. CRS depende de la implementación local y del celo de cada autoridad tributaria. FATCA depende del IRS y de un sistema de formularios, definiciones y consecuencias que, aunque engorroso, es más homogéneo.
Por eso muchos perciben que FATCA ofrece mejores guidelines. En CRS, y más aún en su versión endurecida, la frontera es más difusa y el margen de interpretación de los proveedores es mayor. Eso se traduce en un compliance más defensivo y, muchas veces, más agresivo.
Migrar a USA o usar entidades no te saca del radar
En ese contexto aparece la tentación de salirse del CRS migrando a jurisdicción americana o utilizando entidades (incluso estadounidenses) para operar con proveedores europeos.
Respecto de la segunda opción: no funciona.
Hoy cualquier banco, broker o proveedor europeo serio arranca el análisis desde las personas. Te piden los beneficial owners, los controlantes, y una vez que los tienen identificados, el velo corporativo deja de tener relevancia práctica a efectos de CRS. De hecho, este es uno de los errores más frecuentes que vemos: creer que interponer una entidad resuelve la exposición cuando en realidad la deja intacta o la complica.
Si la entidad no tiene sustancia operativa real y encaja en una categoría pasiva, se aplica el look-through sin demasiadas discusiones teóricas. Si la persona física detrás es residente fiscal en una jurisdicción CRS, se reporta.
CRS 2.0 refuerza justamente esa lógica. El estándar no está diseñado para respetar ficciones societarias. Está diseñado para identificar sujetos fiscales. La entidad puede ser perfectamente válida desde el punto de vista corporativo, pero eso no la convierte en un escudo frente al intercambio automático.
La sofisticación que hoy se exige para que una estructura no sea transparente a efectos CRS es muy superior a la que se ve en la mayoría de los esquemas copy-paste que circulan en internet. Vale la pena entender también qué significa perforar el velo corporativo y en qué contextos ocurre, porque CRS opera con una lógica similar aunque en el plano fiscal.
¿Nos pasamos a USA entonces?
Más o menos.
Es cierto que la apertura de entidades americanas es sencilla, y puede ofrecer mayor privacidad en ciertos contextos. Pero antes de entrar en detalle, hay algo que tenés que entender bien: operar con una entidad es muchísimo más complicado que operar como persona física.
El que cree que puede armarse una LLC y abrirle cuentas en los proveedores que necesita para suplir todo lo que antes hacía en proveedores europeos, se va a dar cuenta más temprano que tarde que es prácticamente imposible.
Salvo en contadas empresas diseñadas para entidades (que no ofrecen ni una fracción de lo que uno puede obtener como persona física), el mundo de las aperturas es completamente distinto. Lo que a una persona le lleva días, a una entidad le lleva meses. ¿Y sabés qué? Mediante operatoria que antes hacías habitualmente sin pensar demasiado, en USA podés estar incurriendo en hechos imponibles de fuente americana sin saberlo. Antes de avanzar con cualquier estructura, conviene repasar todo lo que necesitás saber sobre las LLC para entender bien qué implica realmente tener una.
Hay casos en los que una LLC bien estructurada puede darte privacidad, flexibilidad operativa y acceso a ciertos mercados que como persona física no tendrías. Pero esos casos requieren análisis específico de tu situación, tus ingresos, tus clientes, tu residencia fiscal actual y tu operatoria concreta. No hay una receta que sirva para todos.
Y hay casos en los que la LLC directamente no tiene sentido. O peor: te genera más exposición de la que tenías antes.
No hay una forma obvia de operar en este contexto. Lo único que te queda es contarle tu caso puntual a un profesional y evaluar estrategias. Abstenganse de foros, AI y consejos de primos.
Si tu situación implica operatoria internacional con proveedores financieros, estructuras multijurisdiccionales o exposición a CRS, lo más probable es que necesités Planificación fiscal multijurisdiccional hecha a medida.
Si estás transitando una situación en la cual necesitás ayuda, o simplemente querés contarnos tu caso, contactate con nosotros y vamos a ver cómo te podemos ayudar.
Y si estás pensando en simplemente moverte todo el tiempo y no declarar residencia en ningún lado, la figura del turista perpetuo tampoco resuelve nada.
Si estás transitando una situación en la cual necesitás ayuda o simplemente querés contarnos tu caso, no dudes en contactarte con nosotros.
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