Un freelancer necesita tres cosas para trabajar: computadora, electricidad e internet. Perder cualquiera de estas tres implica un problema con potencial económico devastador.
No importa si estás en tu casa o trabajando desde un café en Bangkok. La tríada tiene que mantenerse funcional siempre. Y para eso existe un concepto hermoso que todo freelancer profesional debe conocer: las redundancias operativas.
Qué es una redundancia y por qué la necesitás
Una redundancia puede significar cosas muy distintas según quién la mencione.
Para las empresas, es el eufemismo que usan cuando echan gente porque gastaron más de lo que debían (en general por faulty management). Para un freelancer, una redundancia es un Plan B diseñado para intervenir justo cuando un pilar te falla, ya sea temporal o permanentemente.
¿Tenés un backup si tu computadora deja de funcionar ahora mismo? ¿Podés seguir trabajando si se corta la luz durante cuatro horas? ¿Qué hacés si internet colapsa en medio de una reunión con tu cliente más importante?
Si no tenés respuestas concretas para esas tres preguntas, estás trabajando sin red. Y si todavía no resolviste cómo y dónde cobrar lo que generás, eso también es parte de tu operativa.
Primera redundancia: tu herramienta de trabajo
Toda persona que depende de una herramienta para su subsistencia debe contar con una redundancia. Quedarse sin ella no es una opción.
La redundancia más común sería tener dos computadoras. No tienen que ser iguales. De hecho, la computadora B puede tener diez años de antigüedad. No tiene que estar diseñada para realizar con la misma velocidad o comodidad todas las prestaciones que la computadora original, pero sí para mantener la operatividad.
Esto puede implicar la realización parcial de tareas que igual deben ser hechas, o mantener los canales de comunicación de manera que al menos ganes algo de tiempo mientras restablecés tu máquina primaria.
Tampoco es necesario que sea una herramienta de la misma especie. Un iPad puede ser redundancia de una computadora. Incluso un celular puede serlo. No vas a poder trabajar en ellos con la misma comodidad, pero como poder, se puede.
Segunda redundancia: electricidad
De nada sirve tener la herramienta de trabajo funcional si no podés prenderla.
En vistas al verano que todos los años llega con cortes de luz más o menos predecibles, hay que contemplar redundancias eléctricas. La primera medida de preservación eléctrica debe ser optar siempre por laptops por sobre desktops. Después le ponés el monitor externo y el resto de los periféricos. Pero el hecho de tener una laptop como motor de todo tu setup implica que ante un corte de luz no solo no vas a perder lo que venías haciendo, sino que vas a poder seguir trabajando, al menos parcialmente.
Es cierto que existen UPS para desktop y algunos otros dispositivos similares, pero son increíblemente ineficientes y no otorgan ni una fracción considerable de battery life comparados con una laptop moderna.
La segunda redundancia que debe tener cualquier freelancer son powerbanks. Y no esos tubitos horribles que se compran en el Once y tienen menos carga que las pilas chinas del control remoto de tu abuela. Deben ser powerbanks profesionales, de marcas reconocidas y alta capacidad.
No se puede tener suficientes powerbanks. Está bien tener uno y está bien tener veinte.
Además, existen powerbanks modernos que tienen la potencia suficiente como para cargar algunas laptops. A la hora de elegir laptop, es prudente elegir una que pueda ser cargada por un powerbank y de esta forma podés asegurar la carga de todos tus dispositivos.
Tercera redundancia: internet
Los cortes o el mal funcionamiento de internet son una constante en la vida del freelancer, y no necesariamente está relacionado con vivir en Latinoamérica. En el primer mundo, internet en bares y hoteles sigue siendo una calamidad, con lo cual de una u otra manera siempre vas a estar expuesto al mal internet.
Hay dos formas de encontrar redundancias para internet.
La primera es realizar un relevo geográfico de otras fuentes de internet en tu área. Pueden ser bares, restaurantes, o la casa de tu tía. Lo mismo si estás de viaje. Tenés que saber a dónde ir si necesitás internet con urgencia y tu locación no lo ofrece.
La segunda es mediante la contratación del plan de datos más grande que ofrezca tu prestador. Tenés que tener la chance de alimentar tu máquina con datos llegado el caso. Y a pesar de que los datos se consumen a la velocidad de la luz, es para esto que los estás pagando.
El protocolo de redundancias se mantiene cuando viajás
Si estás on the go, el protocolo de redundancias se mantiene intacto.
Tenés que viajar con redundancia de herramienta de trabajo, con uno o varios powerbanks, y con la certeza de que vas a tener datos en caso de necesitarlos. Roaming de datos o chip local siempre. Hay gente que tiene ambos.
Si se puede contratar internet en el avión, se contrata. Si vas a un crucero, pagás lo que haga falta por media hora de conectividad decente.
Porque en el momento en que perdés uno de los tres pilares y no tenés redundancia, empezás a perder plata. Y eso es precisamente lo que las redundancias están diseñadas para evitar. Si además querés tener un colchón para esos imprevistos, vale la pena revisar cómo armar un fondo de emergencia sólido.
La operatividad técnica es solo una parte del ecosistema. La otra es tener tus herramientas financieras en orden: si no podés cobrar cuando terminás el trabajo, da lo mismo que hayas podido hacerlo.
Si estás transitando una situación en la cual necesitás ayuda, o simplemente querés contarnos tu caso, contactate con nosotros y vamos a ver cómo te podemos ayudar.
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