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Estructuración21 de abril de 2025 · 5 min de lectura

¿Sigue vivo Estonia?

B&P Consulting

El programa de e-Residency todavía existe, pero su ventaja competitiva se achicó. Menos hype, más competencia, y un banco real sigue siendo un problema.

¿Sigue vivo Estonia?

Hace algunos años, el programa de e-Residency de Estonia se convirtió en una especie de emblema del emprendedurismo digital. Prometía la posibilidad de crear y gestionar una empresa europea completamente online, sin pisar el continente, con una identidad digital oficial otorgada por un Estado miembro de la Unión Europea. Para miles de freelancers, nómades digitales y fundadores de startups, la propuesta resultó irresistible.

Han pasado casi diez años desde su lanzamiento, y la pregunta es inevitable: ¿sigue vivo Estonia?

La respuesta corta es sí (pero insuficiente)

El programa continúa funcionando e incluso ha crecido en volumen. Hoy, más de 124.000 personas de más de 170 países son e-residents activos. En total, han creado más de 35.000 empresas, lo cual es una cifra considerable. Solo en 2024 se fundaron más de 4.800 nuevas compañías a través del sistema.

Pero el crecimiento porcentual se está desacelerando, y eso es un dato relevante: el programa ya no sorprende ni genera el hype de sus primeros años. Ya no es el único jugador que ofrece incorporación remota digital, y otros países están desarrollando sistemas más flexibles, menos burocráticos y con mejor acceso a servicios bancarios reales.

Estonia sigue siendo una puerta de entrada al mercado europeo. Eso no ha cambiado. Desde países de África, Asia o América Latina, poder establecer una empresa en la Unión Europea sin trámites presenciales sigue siendo una ventaja potente. Pero hay matices que conviene entender antes de empezar.

Lo que la e-Residency NO te da

La e-Residency no otorga residencia fiscal, legal, ni ciudadanía, ni derechos migratorios de ningún tipo. Es una identidad digital con ciertas capacidades, una suerte de llave para ingresar al portal de creación de empresas. Tampoco ofrece automáticamente ventajas fiscales a nivel corporativo, y en muchos casos (dependiendo del país de residencia del titular) puede incluso generar obligaciones impositivas dobles.

El punto más delicado hoy es el acceso a servicios bancarios. Durante un tiempo, parecía que Estonia ofrecía una solución completa: empresa, cuenta, operaciones. Pero la realidad es más compleja. Los bancos estonios tradicionales, como LHV, Swedbank o SEB, exigen conexión económica real con el país y, en muchos casos, presencia física para abrir una cuenta. Esto limita la experiencia completamente remota y deja a muchos emprendedores fuera del sistema bancario tradicional.

En respuesta, muchos e-residentes optaron por alternativas como Wise o Paysera, que sí permiten operaciones sin presencia física. Pero acá hay un problema serio. Una empresa que por su arquitectura premia a quienes no retiran utilidades (ahorrando dentro de la empresa) jamás debería hacerlo en wallets o cuentas de pagos, mejor dicho en cuentas que no son bancos reales.

El tema fiscal ya no es tan atractivo como antes

Estonia ha sido históricamente atractiva por su esquema de impuesto corporativo que solo se paga cuando se distribuyen utilidades. Esto sigue vigente. Pero el diferencial con otros países se está achicando. A partir de 2025, el país aumentó su tasa general de IVA al 24% y su tasa de impuesto corporativo al 22%. Si bien sigue siendo competitivo frente a muchos países europeos, la carga fiscal total puede no diferir tanto de la de otros más grandes, especialmente cuando se suman los costos indirectos: asesoramiento especializado, contabilidad obligatoria, y servicios de compliance.

Y acá viene lo peor. En aquellos casos donde la empresa estonia no satisfaga CFC Rules (Controlled Foreign Corporation) y por lo tanto se transparente, no ofrece entonces beneficio alguno. Esto puede pasar si residís en un país que tiene normativa anti-elusión fiscal bien desarrollada, como Argentina, España, Brasil, o incluso Uruguay en ciertos casos. La empresa termina tributando en tu país de residencia como si fuera una estructura local, y toda la estrategia queda anulada.

¿Sabés si tu situación particular puede generar problemas con CFC Rules? Vale la pena leer primero sobre los errores más frecuentes al estructurarse antes de avanzar.

Lo que funciona (y lo que ya no tanto)

La contribución económica del programa es innegable. En 2024, las empresas de e-residentes generaron más de 31 millones de euros en impuestos. Y desde su creación, el e-Residency se convirtió en una fuente estable de ingresos y posicionamiento internacional para Estonia.

Pero a medida que otros países como Lituania, Georgia, o Emiratos Árabes Unidos desarrollan sus propios sistemas digitales de incorporación remota, más flexibles y con mayor acceso a bancos tradicionales, la ventaja competitiva estonia comienza a erosionarse. En este contexto, vale la pena entender también qué jurisdicciones offshore ya nadie acepta para no tropezar con el mismo problema por otro camino.

Para quien busca una vía de acceso al mercado europeo sin residencia física, sigue siendo una herramienta poderosa. Pero para quien espera una solución mágica o una estructura fiscal agresiva y sin fricción, el sistema puede resultar más costoso y restrictivo de lo esperado.

El programa de e-Residency se mantiene como un modelo de vanguardia en términos de identidad digital estatal, pero su utilidad depende hoy más que nunca de un análisis fino de cada caso. Estonia sigue siendo un faro. Pero su luz ya no es la única. Y para muchos emprendedores del sur global, la mejor estrategia ya no es seguirla sin pensar.

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