Los emprendedores argentinos que vienen a Uruguay son una parte importante de este país. Uruguay los necesita, ellos necesitan Uruguay. Todos felices.
Pero a veces chocan pequeñas diferencias de perspectiva que pueden generar frustración innecesaria.
El argentino llega y quiere arreglar todo
El emprendedor argentino cruza el charco y empieza a notar cosas. Uruguay podría ser Singapur con un par de ajustes menores. Bastaría con algunas señales políticas, un poco de voluntad y la plata aparecería sola. Ni siquiera habría que poner guita del Estado, solamente crear el marco. Todo es tan obvio.
Pero nada sucede. Y ahí empieza el periodo de pequeña frustración.
El argentino está acostumbrado a vivir en otra frecuencia por completo. En Argentina todo cambia todo el tiempo (generalmente para peor, pero cambia). En Uruguay, todo se mueve con una lentitud que a veces parece deliberada.
¿Por qué no hacen X? ¿Por qué no ajustan Y? ¿Cómo puede ser que con tan poco esfuerzo no aprovechen esta oportunidad?
Y acá es donde aparece un sesgo cognitivo interesante.
El Síndrome de Einstein-Monroe
El argentino frustrado cae en lo que yo llamo el Síndrome de Einstein-Monroe. Es el bias natural que tiene el ser humano de pensar que la combinación de ciertas variables únicamente puede tener el outcome sesgado que a él le conviene.
El nombre viene de una anécdota probablemente apócrifa entre Albert Einstein y Marilyn Monroe. Ella le dice: "Imaginate si tuviéramos un hijo con mi belleza y tu inteligencia". Einstein responde: "Hay iguales chances de que salga con mi belleza y tu inteligencia".
El emprendedor argentino mira Uruguay y ve las variables: estabilidad institucional relativa, ubicación geográfica privilegiada, tamaño chico y manejable, cercanía con Argentina. Después ve los pequeños cambios que harían falta: algunos ajustes regulatorios, algo de flexibilización, señales claras al mercado. Y la conclusión parece obvia: si Uruguay hace esos cambios, se convierte en Singapur.
Pero esos pequeños tweaks que transformarían Uruguay en Singapur suceden en un imaginario donde Uruguay es rápido, tira primero y pregunta después. Ese país existe. Se llama Argentina.
Lo que el argentino rara vez considera
Un país con características de toma de decisiones rápidas podría virar hacia el comunismo total con la misma velocidad que hacia el capitalismo total. De hecho, eso es exactamente lo que pasa en Argentina cada década y media.
¿Por qué Uruguay no cambia? Porque Uruguay es lento, predecible y extremadamente reacio al cambio. Esa misma característica que frustra al emprendedor argentino es la que hace que Uruguay sea Uruguay y no Argentina. O Venezuela. O cualquier otro país de la región que experimenta con ideologías cada cambio de gobierno.
Uruguay viene de décadas de izquierda y sigue parado, relevante, funcionando. Con todo el daño que se hizo (y se hizo), el país sigue ahí. Eso no pasa por casualidad.
La lentitud de Uruguay es una característica del sistema. Y esa característica tiene valor. Si querés entender mejor cómo esto afecta tu residencia fiscal, la previsibilidad del marco normativo uruguayo es exactamente lo que hace que la ecuación cierre para muchos.
Aprovechá lo que Uruguay tiene para ofrecer
Uruguay es Uruguay porque no cambia rápido. Caso contrario probablemente sería Argentina.
El inmigrante tiene que ver a Uruguay por lo que es. Aprovechá lo bueno (estabilidad, predecibilidad, marcos legales que no cambian cada seis meses) e ir a suplir lo malo a algún otro lado. Uruguay puede ser tu residencia fiscal, tu base de operaciones, tu lugar para vivir tranquilo. Pero quizás tu estructura corporativa necesite estar en otro lado. O tus cuentas bancarias. O tus inversiones.
Esa combinación multijurisdiccional puede darte lo mejor de varios mundos. Uruguay te da previsibilidad. Otras jurisdicciones te dan agilidad, marcos regulatorios más flexibles, acceso a ciertos mercados. Vale la pena entender, por ejemplo, qué jurisdicciones offshore siguen siendo aceptadas por bancos y contrapartes antes de tomar decisiones. En muchos casos, esa combinación termina siendo más valiosa que un solo país que intente ser todo al mismo tiempo.
¿Querés que Uruguay sea Singapur? Entendible. Pero Singapur no es Singapur porque cambió rápido varias veces. Singapur es Singapur porque tomó ciertas decisiones y las mantuvo durante décadas con una consistencia casi robótica.
Uruguay no va a hacer eso. Pero tampoco va a virar hacia el populismo extremo cada vez que cambia el gobierno. Y eso, para alguien que viene de Argentina, debería tener un valor bastante claro.
Podés leer más sobre cómo estructurarte si estás pensando en Uruguay u otras jurisdicciones en nuestro servicio de Estructuración corporativa internacional.
Si te interesa entender cómo el error más frecuente al estructurarse puede costarte caro incluso en un entorno tan estable como Uruguay, ese artículo vale la pena.
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