El blanqueo de 2022 tuvo un problema de diseño que parecía menor pero terminó siendo letal para un sector entero de la economía argentina. Como suele pasar con este tipo de regímenes, pensaron en el que tiene plata guardada afuera, en cajas de seguridad, en cuentas suizas heredadas. Nadie pensó en el freelancer.
Y el problema no era que los dejaran afuera por maldad. Era peor: ni siquiera contemplaron que existieran.
El problema del flujo versus el stock
El régimen planteaba la exteriorización de bienes y divisas en el exterior. Perfecto para quien tiene 200k dólares en una cuenta de Miami que nunca declaró. Pero inútil para quien facturó 150k en tres años, se los gastó, y hoy no tiene nada que exteriorizar.
Ese es el Pequeño y Mediano Freelancer (PYMF, si nos ponemos creativos). Ganó bien. Mejoró de escalón. Se mudó solo. Compró la última Mac, el último iPad, los Airpods Pro. Conoció Europa dos veces. Conoció Nueva York. San Francisco. Otra vez Europa.
¿Ahorros? Casi ninguno.
Pero tiene algo mucho más incómodo que ahorros: tiene exposure. Tiene historial de transferencias. Tiene una huella digital que, llegado el caso de que AFIP acceda a información por intercambio automático de información (big if, pero not impossible), mostraría ingresos del exterior que hoy no existen más.
¿Cómo exteriorizo algo que ya no tengo?
El blanqueo no ofrecía respuesta. El blanqueo asumía que todo el mundo con plata en el exterior la tenía guardada. Nadie consideró que alguien pudiera haberla gastado de forma completamente legítima.
La trampa del que no tiene nada que ofrecer
El miedo del freelancer en 2022 era concreto. El fantasma del intercambio automático de información (CRS, FATCA, acuerdos bilaterales varios) generaba paranoia. Y la paranoia tenía lógica: si AFIP llegaba a recibir información de tus movimientos históricos en el exterior, podía reclamar impuestos sobre plata que hoy no existe.
El blanqueo debería haber sido una solución. Pero requería patrimonio exteriorizable. Y el freelancer promedio no tiene patrimonio. Tiene flujo. O mejor dicho: tuvo flujo.
Entonces quedaba afuera. Sin posibilidad de regularizar. Sin posibilidad de "limpiarse". Con el mismo riesgo que antes, pero ahora con un régimen especial que explícitamente no lo contemplaba.
Una vez más, el gobierno ignoraba por completo al segmento más dinámico de la economía. Al motor de divisas reales. Al que exporta servicios sin subsidios, sin retenciones, sin pedirle nada al Estado.
La pregunta del BCRA que nadie respondía
Pero incluso si el freelancer hubiera podido exteriorizar algo (pongamos que tenía 20k guardados en Kraken o en una cuenta de Payoneer), había otra pregunta que nadie respondía con claridad.
Supongamos que exteriorizás lo que no facturaste. AFIP te da el OK. Perfecto.
¿Y el BCRA?
¿Quién te garantiza que ahora no te van a querer pesificar todo eso? ¿O cobrarte multas multiplicadas por diez? ¿O iniciar un proceso penal en serio, no solo administrativo?
¿Quién te garantiza que no te estás entregando con una manzana en la boca?
Porque una cosa es regularizar tu situación fiscal. Otra muy distinta es confesar una violación cambiaria en un país donde las normas del BCRA cambian cada semestre y la discrecionalidad es infinita. Para entender qué cambió en ese frente, vale la pena revisar qué significa que se haya levantado el cepo.
El blanqueo no aclaraba nada de esto. Y los pocos que preguntaban en serio no conseguían respuestas satisfactorias.
La teoría de "no hay nada que sacarle"
Hubo otra lectura posible de esta omisión. Una menos caritativa.
Quizás el gobierno tomó una postura deliberada: si no tenés un capital considerable y exteriorizable, no sos sujeto de interés. Porque no hay nada que sacarle a alguien que ya se gastó todo.
Los freelancers tienen miedo, sí. Pero también repiten una frase: "Hay que ser canalla para ir a buscar a los freelancers".
Bueno. Imaginate si para colmo sos el único al que dejan afuera del blanqueo.
¿Qué pasó después?
El régimen de 2022 fue reemplazado por otros. Algunos mejoraron ciertos aspectos. Otros empeoraron otros. Pero el problema de fondo se mantuvo en casi todos: la incomprensión del fenómeno freelancer.
Hoy en 2026 la situación es distinta. Hay más claridad regulatoria (en algunos aspectos). Hay más herramientas para estructurarse de forma preventiva. Pero el que quedó afuera en 2022 sigue afuera, salvo que haya armado algo después.
Lo interesante es que todo esto era evitable. No hace falta ser un genio para entender que hay gente que gana plata en el exterior, la gasta, y no tiene patrimonio acumulado. Hace falta únicamente haber hablado con uno. Con un solo freelancer. Con un solo exportador de servicios.
Pero las comisiones que supuestamente fomentan la exportación de servicios están llenas de gente que nunca exportó un servicio en su vida. Entonces diseñan regímenes para realidades que no existen. E ignoran las que sí.
¿Pensás que este tema ya está resuelto? Depende. Depende de cuándo empezaste a operar. Depende de cómo te estructuraste. Depende de si tuviste asesoramiento serio en el momento correcto.
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