Muchos founders se obsesionan con proteger su equity y sus ideas mediante contratos sofisticados, pero olvidan un punto concreto: el advisor, ese experto de confianza que los guía en los primeros pasos, puede transformarse en su competencia directa.
Incluir una cláusula de no competencia clara y razonable es una necesidad estratégica. En este artículo te contamos los beneficios de incluirla y los principales aspectos que debe cubrir para cuidar tu startup.
El advisor accede a todo sin tener deberes fiduciarios
Un advisor en una startup no es un empleado. Tampoco tiene deberes fiduciarios salvo que se acuerde expresamente (y pocas veces se hace). Pero accede a información privilegiada: planes de negocio, estrategias de crecimiento, datos tempranos, contactos con tracción. Muchas veces participa sin contrato o con acuerdos muy básicos, lo que deja al proyecto vulnerable frente a situaciones inesperadas.
¿Qué pasa si ese advisor decide fundar una empresa similar? ¿O asesorar a un competidor directo? ¿O incluso invertir estratégicamente en un actor del mercado que termine perjudicando a tu compañía? Sin una base legal escrita, la startup pierde toda posibilidad real de reclamar o frenar ese comportamiento.
Una cláusula de no competencia bien planteada protege a la startup de que ese advisor utilice lo aprendido para competir, asesorar a terceros que compiten, o generar un cruce de intereses que termine afectando el proyecto. Y acá viene algo que muchos olvidan: suponemos buena fe, pero blindamos contra la doble militancia disfrazada de consultoría neutral. Si querés entender cómo se relaciona esto con otras restricciones contractuales, la diferencia entre un conflict of interest y una NCA es clave para no confundir los instrumentos.
Qué debe tener una cláusula de no competencia para que funcione
Para que esta cláusula sea válida y razonable, debe cumplir ciertos requisitos. El primero es estar limitada en el tiempo. Seis a doce meses después de la finalización del vínculo suele ser un plazo aceptable. Más que eso empieza a ser abusivo, menos puede ser insuficiente según el sector.
El segundo es definir claramente qué se entiende por "competencia" y en qué mercado o geografía aplica. En entornos digitales, el foco suele estar en el tipo de producto o servicio más que en una ubicación física. Si tu startup vende software de gestión para clínicas veterinarias, la competencia es software de gestión para clínicas veterinarias. Pero debería poder trabajar en software para humanos o en otra industria completamente distinta sin problemas.
El tercero es prever la posibilidad de excepciones mediante aprobación escrita. Esto permite cierta flexibilidad si ambas partes acuerdan que no hay conflicto real. Un advisor puede querer participar en otro proyecto que roza tu industria pero no compite directamente. Si tenés un mecanismo de excepción por escrito, evitás conflictos innecesarios.
Omitir esta cláusula puede tener consecuencias concretas. El advisor podría terminar colaborando con la competencia sin ninguna infracción contractual y, aunque no lo haga con mala intención, el daño puede estar en el cruce de intereses o en la percepción de deslealtad por parte de inversores o del mercado. Para entender por qué tu startup necesita un abogado para revisar sus contratos, este tipo de omisiones es exactamente el ejemplo más claro.
El advisor se resiste a firmar: cómo encuadrarlo
Si el advisor se muestra reticente a firmar este tipo de cláusulas, suele ser una cuestión de encuadre. Muchos lo perciben como desconfianza personal. Pero cada vez es más estándar en acuerdos de colaboración profesional. Una forma de equilibrar la situación es incluir, en paralelo, una cláusula que aclare que el advisor no está obligado a exclusividad absoluta, siempre que no exista competencia directa.
También es útil dejar abierta la puerta a futuras excepciones mediante consentimiento escrito. Esto le da libertad al advisor para explorar otros proyectos sin que sea un veto automático, pero obliga a conversarlo antes de avanzar.
Y acá va algo que pocos tienen en cuenta: si el advisor realmente se resiste a firmar una cláusula razonable de no competencia, puede ser una señal temprana de que ya está pensando en participar en proyectos que compiten con el tuyo. O que simplemente no entiende cómo funciona el juego de las startups a nivel profesional. Esto también aplica a los pactos parasociales: los acuerdos que no quedan escritos son los que generan los conflictos más costosos.
Proteger un proyecto empieza por blindar las relaciones que lo impulsan
En el mundo de las startups, donde las ideas circulan rápido y los vínculos son fluidos, una cláusula de no competencia para advisors es sentido común legal. Proteger un proyecto comienza por blindar las relaciones que lo impulsan.
Si estás estructurando tu startup y necesitás revisar contratos con advisors, cofounders o terceros, podemos ayudarte con Contratos y compliance internacional. También podés leer más sobre cómo proteger tu startup con un Buy-Sell Agreement.
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