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Freelancers18 de febrero de 2021 · 5 min de lectura

Cuánto vale realmente un ingreso de locación independiente

B&P Consulting

El éxodo no lo protagonizan los ricos. Lo protagonizan los que pueden generar un ingreso desde cualquier lugar. Un análisis sobre qué es riqueza hoy.

Cuánto vale realmente un ingreso de locación independiente

Hay un relato simplista que se repite: los que se van son los ricos. Pero cualquiera que pase cinco minutos en una terminal de salida internacional sabe que eso es mentira.

Familias de clase media baja subiendo al avión con el canario en la jaula, al borde de las lágrimas, llevándose lo que pueden. Nada de casas en Punta del Este ni retorno programado. Se van porque todavía pueden irse de forma más o menos ordenada, antes de que sea tarde.

Los que emigran ahora tienen algo, es cierto. Pero generalmente ese algo no es un patrimonio enorme en el sentido tradicional del término.

Los que se van tienen herramientas, no necesariamente capital

El concepto de riqueza se volvió difuso. Si hablamos estrictamente de capital acumulado, entonces la mayoría de los que emigran hoy no son ricos. Basta con mirar quiénes están llenando los vuelos.

Pero todos tienen una cosa en común: capacidad de procurarse un sustento sin depender del suelo donde están parados. Los tradicionalmente ricos tienen un patrimonio, sí, pero lo que les permite emigrar es la renta que ese patrimonio genera. Y esa renta puede fluir desde cualquier lugar del mundo hacia donde ellos estén.

Entonces la pregunta cambia. Ya no importa tanto cuánto tenés, importa de dónde viene lo que ganás. Y si podés llevártelo con vos.

Riqueza hoy es independencia geográfica

Muchos de los que están emigrando no tienen patrimonio significativo. Pero tienen un ingreso de locación independiente. Trabajan para afuera, cobran en dólares, y pueden hacer eso desde Buenos Aires, Montevideo, Lisboa o Tirana. Eso, hoy, vale más que un local comercial en el microcentro.

Otros se van sin ese ingreso asegurado, pero con conocimiento, experiencia o al menos ganas de laburar. Hay un patrón: los que se van son los útiles. Los que dan trabajo, los que generan divisas, los que ofrecen trabajo calificado. Y se van a contribuir a economías que los reciben con los brazos abiertos (siempre que puedan demostrar que no van a ser una carga fiscal).

¿Cuánto valdría un ingreso de locación independiente si lo tuvieras que valuar como un activo? Es complicado ponerle un número, pero si tuviera que hacer una adaptación libre del concepto de Price-to-Earnings ratio, le asignaría un múltiplo de por lo menos 20. Esto significa que un ingreso anual de 100k tiene una valuación simbólica de 2 millones de dólares. Porque te provee una libertad migratoria similar a la de quien posee ese patrimonio líquido e invertido generando renta.

Los números son aproximados, obvio. Pero sirven para entender la magnitud de lo que significa independizarte del suelo a la hora de generar dinero. Si te preguntás a partir de qué monto conviene estructurar tu patrimonio, la respuesta casi siempre es: antes de lo que pensás.

Independencia financiera no es renta pasiva, es no-dependencia

Los que se están yendo son independientes financieramente. Pero no en el sentido tradicional de vivir de rentas sin trabajar. Hablamos de independencia como no-dependencia del lugar físico donde estás.

Un tipo con 50 locales en el microcentro rápidamente se da cuenta de que no era tan rico ni tan independiente más allá de la renta mensual que generaban esos locales. Una renta en pesos, absolutamente dependiente del suelo, que ni siquiera le permite perder la residencia fiscal sin desmantelar todo.

Un pibe que labura para afuera ganando 2k por mes tiene, de golpe, un activo mucho más valioso: un ingreso de locación independiente que le permite vivir donde quiera, cuando quiera. Vale la pena entender bien qué es renta activa y qué es renta pasiva, porque la distinción tiene consecuencias fiscales concretas.

Primero el ingreso, después los papeles

Es extremadamente común poner atención en los papeles. El pasaporte europeo, la ciudadanía italiana, la visa de trabajo en Canadá. Todo eso es secundario.

Primero el ingreso de locación independiente, después los papeles. Primero aseguramos el sustento, después evaluamos el lugar. Primero construimos el hogar (en el sentido de capacidad de generar ingresos estables), después vemos el tema de la casa física.

Y una vez que el ingreso está ordenado, la residencia fiscal se convierte en la variable más importante de toda la ecuación. Ignorarla puede costarte caro, incluso cuando creés que estás haciendo todo bien.

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